LA FÍSICA DEL VUELO (II)

El arte de la taxidermia pretende mostrar a los animales como si estuviesen vivos, y por lo tanto los inmortaliza en una posición en la que se podrían encontrar habitualmente. Sin embargo, la artificiosidad de la pose no hace más que resaltar su condición de no vivo, haciendo a la muerte más patente aún.

 

En esta obra se observa una gaviota taxidermizada como centro de objeto de estudio en lo que parece ser una mesada de laboratorio. Los azulejos blancos de la mesada remiten a los procesos asépticos de los análisis químicos y de rigor científico. Alrededor de la gaviota se despliegan los huesos que conforman su esqueleto de manera más o menos topográfica.

 

Varios azulejos están rotos, lo que funciona como una bisagra entre el plano de los hechos  científicos y el plano de la representación y de la subjetividad, materializado en los dibujos y en los textos que se observan por debajo de los azulejos. Los dibujos no son más que intentos de estudiar y comprender la fisionomía de los huesos desplegados, pero en ese intento también existe una pretensión de captar un fragmento de esos fósiles, que son a su vez testigos de una vida y del paso del tiempo.

 

En esta obra se entrecruzan y dialogan métodos que responden por momentos a una curiosidad científica y por momentos a una aproximación poética hacia la permanencia y fisionomía de los cuerpos, así como hacia la tensión entre la vida y la muerte.

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